Cuevas del Sacromonte

Desde fuera, en las empinadas calles del Sacromonte, se escuchan las palmas; hay gente metida en una cueva tocándolas: cantan y bailan con fuerza. Es normal que cuando el turista pase por la puerta, piense en qué está ocurriendo ahí dentro.

Son las cuevas del Sacromonte: la zona que enciende la llama de Granada.

Qué ver en el Sacromonte

En este peculiar barrio de Granada podremos disfrutar, por ejemplo, de sus particulares viviendas: el Sacromonte comprende la ladera septentrional del Valle de Valparaíso, al norte del Río Darro. Esto significa que encontraremos una orografía muy peculiar; de ahí sus famosas cuestas.

Estas peculiaridades del terreno propiciaron que los habitantes construyeran casas excavando la colina; pese a que el exterior de estas edificaciones parece una casa al uso, estamos hablando de cuevas. Habitables, pero cuevas.

No nos podemos olvidar de las vistas del Sacromonte; al ser uno de los puntos más altos desde donde observar la Alhambra, las calles de este pequeño barrio se han convertido, todas ellas, en improvisados miradores.

El mejor flamenco en el Sacromonte

Por supuesto, el barrio es una de las cunas del flamenco de toda Andalucía. En el Sacromonte se originó una de las fiestas flamencas más intensas y auténticas. La Zambra, que se celebra en las cuevas.

Además, en el Sacromonte observamos los mejores tablaos flamencos de la ciudad. Desde la Cueva del Rocío, hasta las famosísimas cuevas de María La Canastera o la Faraona. Si quieres vivir la cultura en todo su esplendor, debes ir al Sacromonte.

Zambra, flamenco pasional

Se habla de la zambra como una de las evoluciones de las danzas moriscas, llena de influencias del flamenco; convertida ya, de hecho, en una vertiente de este arte. Hoy, en ciudades como Granada, la zambra, lo que se organiza en torno a ella en ciertas cuevas, se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la provincia.

El origen de la palabra zambra proviene de ‘zumra’ (del árabe, fiesta). Pero también de la palabra zamara (músicos). Una inspiración árabe que no es gratuita: se cuenta que la zambra nació en las bodas musulmanas que tenían lugar en la Granada antigua. Pronto se extendió la costumbre al pueblo gitano, que comenzó a adaptarla y a utilizarla también en sus bodas.

Su peso cultural, tras años de represión hacia los que la vieron nacer, ha crecido durante los últimos años. Porque la zambra no siempre ha tenido un sitio de preferencia en la provincia; nacida como un arte cuyos impulsores eran personas de muy pocos recursos –moriscos-, ciertas voces apuntan a que en el siglo XVI la Zambra se llegó a prohibir, al ser considerada una danza inmoral por las autoridades de la época.

Así, fue en 1492, cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada, el momento en que los moriscos, forzados a abandonar los muros de la ciudad, se asentaron en el Sacromonte, propiciando un cruce de culturas con los gitanos que tuvo interesantes frutos culturales.

Más tarde, apoyada en la promoción de las obras de ciertos escritores como Hemingway, la Zambra comenzó a resurgir: el poder se comenzó a interesar por ella. El resto vino sólo; un ascenso que tiene su culmen en febrero de 2019, cuando el Ayuntamiento de la ciudad de Granada comenzó los trámites para intentar lograr que la UNESCO reconociese a la Zambra como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Entre sus argumentos, está el hecho de que, tal y como manifiestan los impulsores de la petición de change.org, “Hizo que reyes, mandatarios de todo el mundo, tuviesen que ir a las cuevas a disfrutar de esta singularidad cultural y artística. Son muchas las familias que llevan varias generaciones defendiendo el arte más puro de la Zambra Gitana y este esfuerzo centenario merece un reconocimiento explícito”.

Después de contarte todo esto, ¿Quieres vivir en primera persona la esencia del Sacromonte? Desde Apartamentos Montesclaros posibilitamos que lo descubras gracias a nuestros apartamentos en cueva: te adelantamos que es algo maravilloso, al alcance de muy pocos.

A la mística propia de nuestras cuevas se une un equipamiento de primer nivel. Tradición y vanguardia se dan la mano: son bioclimáticas y tienen una capacidad de entre 2 y 4 personas. Así es: pese a que conservan su arquitectura tradicional, tienen todas las comodidades propias de los hogares actuales.

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